Sobre mi

Tras años de practicar posturas de yoga como el perro mirando al cielo y el guerrero con sus padres, Diego (1991) logró algo más que una notable flexibilidad: abrió su tercer ojo durante una sesión de meditación. Eso sí, no sin sufrir un par de calambres en el proceso.

La infancia de Diego fue bastante inusual. Una serie de incidentes psicoquinéticos, que resultaron en el inesperado fallecimiento de su profesor de matemáticas (no precisamente el favorito de la clase), llevaron a su familia a tomar medidas extremas. Temerosos de sus habilidades, lo enviaron a una academia para mentalistas. Allí, Diego se dedicó a perfeccionar sus poderes en secreto, contando los días para cumplir 18 años y dejar atrás su reclusión.

Con un fuerte deseo de demostrar sus habilidades psíquicas, Diego comenzó a desafiar a otros mentalistas. Tras superar a todos los competidores de los clasificados de "El Nacional", decidió enfrentarse al más desafiante de todos: el profesor Tamao.

Mostrando sus habilidades en el boulevard de Chacaito, donde doblaba cucharas con la mente como si fueran de goma, Diego llamó la atención de los ejecutivos de "Sábado Sensacional". Lo invitaron a un duelo televisivo contra Tamao por el título de mentalista oficial de Venevisión.

El día del enfrentamiento, ni el famoso truco de Tamao, la "fascinación de la gallina", pudo desestabilizar a Diego. Con un simple guiño, lanzó una onda psíquica hacia Tamao, que casi lo derriba de no ser por la rápida intervención de su asistente.

Sin embargo, mientras Diego se concentraba en contrarrestar los trucos de Tamao, quien intentaba impresionar a la audiencia caminando sobre carbones ardientes, ocurrió algo inesperado. Daniel Sarcos, el presentador, aprovechó un momento de distracción para golpear a Diego en la cabeza.

Recuperándose del golpe, Diego se dio cuenta de que había perdido sus poderes. Su tercer ojo se había cerrado, posiblemente como reacción al impacto. Aunque Daniel Sarcos se disculpó, para Diego era evidente que el concurso estaba manipulado.

Ahora, Diego enfrenta un nuevo reto: adaptarse a una vida ordinaria. Quizás descubra que vivir sin poderes psíquicos tiene sus ventajas

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